Su capital belleza más importante

Extraordinaria materia viva que nos protege toda nuestra vida contra las agresiones exteriores, la piel constituye sin ninguna duda nuestro capital belleza más importante.
Verdadero sobre de nuestro cuerpo, la piel parece poder regenerarse sin cesar como por magia sin que se preste verdaderamente atención. Con todo, al igual que cualquier materia viva, la piel debe considerarse como un capital no inmutable, pero que es necesario proteger y mantener diariamente.


A partir de los 40 años, es necesario ayudarla todavía más.

Pasada la cuarentena, las células de la dermis se regeneran más despacio dejando aparecer progresivamente arrugas y manchas poco agraciadas.
Estos síntomas de envejecimiento pueden atenuarse con mucho aplicando regularmente cremas de cuidado especialmente concebidas para retrasar el efecto del paso del tiempo o por intervenciones o tratamientos convenientes (peelings por ejemplo).

Para prevenir todos los problemas de pieles y frenar sensiblemente los efectos del paso del tiempo, es necesario ocuparse diariamente de su piel purificándola, hidratándola, nutriéndola y protegiéndola.

Más de 25 años de experiencia en el campo de los peelings y problemas dermatológicos me han permitido elaborar toda una gama de cuidados diarios especialmente eficaces y fiables.


Sin cesar agredida, la piel se regenera

La piel está constituida por tres capas superpuestas: la epidermis, la dermis y la hipodermis.

  • La epidermis

Es la capa externa de la piel. Está formada por células muertas. Éstas permiten que la piel sea impermeable.

  • La dermis

La dermis es un tejido espeso, relativamente flexible, que permite la protección y la reparación de los tejidos dañados. Aquí es donde las células se multiplican para remplazar a aquellas que se han eliminado. La dermis está constituida esencialmente por colágeno, el cual elabora el tejido cicatricial para reparar los cortes y los rasguños.

  • La hipodermis

Situado debajo de la dermis, la hipodermis es un tejido rico en grasa y en vasos sanguíneos. Su papel principal radica en amortiguar las presiones a las que se ve sometida la piel.